En cuanto veo un botellín, lo sigo con la mirada, abro la boquita.. y ¡zaca! Lo engancho y me lo llevo a la boca. Con mis dos dientecitos me encanta morder la boca de la botella. Muchos han sugerido que me pongan ahí la leche, a ver si me gustaba más.
domingo, 16 de enero de 2011
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